martes, 21 de agosto de 2012

TRAICIONES


          No hay cosa peor que desde el hoy se enjuicie el pasado con la pasión del hoy, pues la coyuntura de cada momento es distinta del actual.
           Si este principio ha de ser perenne, más si cabe ha de ser la actitud en los políticos. Pero ellos, en su juego de búsqueda de votos, se tiran unos a otros momentos del pasado con el fin de la confusión social. Y ya sa sebe lo del refrán: a río revuelto, ganancia de pescadores.
Fue peculiar y escandaloso, por ejemplo, que cuando se proclamó alegalmente la II República con el proceso electoral para realizar una nueva constitución, el parlamento resultante se atrevió a  hacer un jucio sumarísimo al rey Alfonso XIII por perjuro, por permitir y aceptar el golpe de Primo de Rivera. He utilizado muy bien las palabras, peculiar y escandaloso, porque el mayor grupo allí representado fue un gran beneficiado del Primo, y él, como el resto de la población española, aceptó gustoso el golpe por el desasatre existente gracias a los políticos de entonces.
           No mucho tiempo después el parlamento español también condenó la conspiración del general Franco, su levantamiento infructuoso en un primer momento, que llevó a la última guerra civil española.
           Ahora, esos mismos políticos miran para otro lado, cuando recientemente se han publicado las memorias de Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la II República. Unos papeles por cierto, que fueron buscados para ser quemados por parte de los dirigentes republicanos porque dejaba constancia notarialmente de todas sus tropelías. En sus páginas se demuestra cómo los dirigentes republicanos reunidos en el llamado "pacto de San Sebastián", habían conspirado para producir un golpe de estado para proclamar la república. De hecho, poco de esto se sabe, se produjo un golpe de estado fallido en diciembre de 1930 con esta fin. Ahora, ¿qué deberían hacer los políticos? ¿Condenar que el Psoe y Pce fueron unos conspiradores y que empujaron a un pobre hombre para proclamar la república? ¿Condenar el levantamiento contra el gobierno legítimo de la república en 1934 por las fuerzas izquierdistas que pensaban que eran las únicas que legítimamente podían gobernar en el nuevo régimen? No, no lo harán. Pero les deja totalmente al descubierto una vez más.

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