miércoles, 6 de agosto de 2008

¿MÁRTIR DEL CONCILIO?


El 6 de agosto de 1978 moría discretamente en Castengaldolfo el Papa Pablo VI. En su tiempo fue un papa muy controvertido, según unos porque ponía freno al llamado espíritu del Concilio, y otros porque no era capaz de poner freno a tantos desmanes que se estaban produciendo desde la clausura del mismo. Algunos han llegado a decir que era la encarnación del espíritu de Hamlet, por su duda contínua al tener que tomar decisiones, lo que hacía que llegase siempre tarde, como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, a todos los asuntos que tenía que solventar y que se agigantaban al no darlos solución a tiempo. Otros le han llamado sin más el mártir del concilio; ciertamente él no convocó el Vaticano II sino el Beato Juan XXIII y nos podríamos pensar si acaso él lo habría convocado; lo que sí hizo,a la muerte del Papa Juan, recíen elegido Papa, era confirmar su celebración cuando podía haberlo disuelto sin más; y le tocó después aplicar las constituciones y decretos en materia litúrgica y en el aggiornamento que pretendía el Aula Conciliar.

La lejanía histórica dará más perspectiva a su Pontificado, llamémoslo delicado, y la apertura de su época en el Archivo Secreto Vaticano dará a conocer toda su realidad.

Toda su labor parece que ha quedado oscurecida por la publicación de la tan contestada encíclica Humanae Vitae, de la reforma litúrgica que algunos han visto que ha traicionado el espíritu y la letra de la Constitución Sacrosantum Concilium, de la mala reforma de los institutos, congregaciones u órdenes religiosas, del desorden posconciliar en la disciplina litútgica, canónica y espiritual.

Pero es innegable su piedad sincera y cómo supo encarar las desviaciones doctrinales sobre le Eucaristía con la Mysterim Fidei, sobre mismo contenido del Depositum Fidei con el Credo del Pueblo de Dios, sobre el culto a la Virgen con la Marialis Cultus o con la preciosa encíclica Signun Magnum que ha pasado tan desapercibida, el avance en el diálogo ecuménico....En medio de tanta tormenta, supo llevar esta barca de Pedro, aunque entrara agua en ella y se tuviera que achicar. Mucho debe la Iglesia a este gran papa, tan intelectual, delicado y piadoso.

Durante su papado, al ver la Iglesia en aparente debilidad, las logias masónicas hiceron estrago incluso en sus altas jerarquías. Sin embargo, una vez más se vuelve a complir la promesa que hizo Jesucristo a Pedro: el poder del infierno no la derrotará.

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