domingo, 19 de abril de 2009

LA MADRE Y SU HIJO RESUCITADO


Ya vimos el mes pasado cómo la vida de la Virgen había sido una preparación para la Pascua del Señor, había sido una cuaresma especial. Ahora nos preguntamos: ¿Cómo vivió Ella la Pascua y cómo la debemos vivir nosotros que queremos vivir siempre a su lado?





  • Desde la resurrección de su Divino Hijo, su vida fue una pascua contínua al
    vivir llena de la alegría que ya nadie se la podría quitar. Si el arcángel la dijo un día lejano “¡alégrate!”, ahora esa exhortación adquiría totalmente su profundidad: alégrate, porque el Señor, a quien mereciste llevar, resucitó según su Palabra. El legionario de María ha de ser alguien que fijándose en su Señora, vive también inmerso en la alegría, y nada ni nadie se la puede quitar, porque ha resucitado su amor y su esperanza.


  • La carta a los hebreos dice que Abrahán es padre de todos los creyentes
    porque creyó contra toda esperanza humana. Ciertamente. Ya sabemos cómo un día el Señor le sacó de su tienda de nómada una noche en el desierto, con un cielo despejado y estrellado, Le pidió que contase su pudiese las estrellas del cielo, porque así de numerosa sería su descendencia. Aunque ya era muy anciano y su mujer estéril, creyó contra toda lógica meramente humana. Y cuando le es pedido que sacrifique a su único hijo, aunque su corazón se desgarre, lo lleva al monte Moria para realizar su ofrenda, siguiendo creyendo en la promesa del Señor, sigue creyendo contra toda lógica humana. Pues la Virgen María es la madre de los creyentes de este pueblo nacido del costado abierto del Redentor, porque también es la que cree contra toda esperanza humana, contra toda lógica humana. Cuando los supuestos amigos de Jesús ya están haciendo nuevos planes de volver a sus quehaceres que tenían antes de conocerle, cuando están llenos de miedo por su futuro más inmediato, Ella es la que cree en que la palabra de su divino Hijo se iba a cumplir, que resucitaría al tercer día. Seguramente se lo recordó a esos hombres rudos galileos, pero entones las palabras de las mujeres no eran muy atendidas que digamos, y verían en esas palabras poco realismo de una madre que ha perdido a su único Hijo, alguien que no se resignaba ante la cruda realidad. El legionario de María, también ha de ser alguien que vive lleno de sana esperanza, de confianza plena en quien rige los destinos de los pueblos, que tiene la esperanza de que la palabra del Señor, que es la Verdad, irá paulatinamente entrando en el corazón, en las vidas de todos, pues sólo la verdad absoluta puede hacerlo. Y aunque aparentemente fracase en sus trabajos apostólicos, cree sinceramente que un día todo será de Cristo.


  • En torno suyo, el primer grupo de seguidores de Jesús se va convirtiendo en
    Comunidad, pues ya la han visto como roca firme de la fe. Una comunidad que ora pidiendo que se cumpla la promesa de Jesucristo enviando al Espíritu Santo. Los hechos de los apóstoles nos lo dicen claramente. Ella se ha convertido en un vínculo de unión, en un fuerte punto de referencia al servicio de los demás. El legionario de María, ha de ser un hacedor de comunidad. No buscando nunca que se reúnan en torno a sí, pues eso sería una búsqueda de sí mismo que llevaría a la estirilidad apostólica. El legionario de María hace comunidad, crea lazos humanos y espirituales entre todos los demás miembros de la legión y dentro de la misma parroquia. Comprende, ayuda, sirve, como Ella, la discípula perfecta de Cristo.


  • La Sagrada Escritura no habla de ninguna aparición de Jesús resucitado a
    nuestra Señora. Se aparece a los que dudan, a los que no creen en la posibilidad de su resurrección física. Por eso come con ellos, se deja tocar, meter los dedos en manos, pies y costado. Ellos necesitaban esta aparición para creer, Ella sin embargo no lo precisaba, porque estaba anclada firmemente en la palabra de vida de Jesucristo. Sin embargo, la mayoría de los teólogos creen que la aparición a la Virgen sería también una realidad. Y sería lógica. Ella le ha acompañado en las horas más amargas de su vida, en su martirio total, en su anonadamiento radical. Seguramente su última mirada, lo último que miró con sus ojos humanos antes de entregar su Espíritu al Padre Eterno, fue a la Virgen rota y serena. Si la preservó virgen y madre porque pudo y quiso, no sería extraño que su primera mirada resucitada sería el rostro también de su Madre antes de subir al Padre. Si no fue consignada esta aparición en los evangelios sería porque sólo están reflejadas las apariciones a aquellos que las necesitasen de verdad, y Ella no lo necesitaba al ser la Mujer de la Esperanza y del abandono total en las manos de Dios. Su corazón seguramente sintió antes que verle físicamente, la resurrección de su Hijo al estar tan estrechamente unida a Él. El legionario de María no ha de ser una persona que necesite, como a la que sigue, unos consuelos especiales, ni agradecimientos para seguir con su labor callada y efectiva. Sino que, al estar clavado su corazón en el de Jesús, sólo ha de esperar los bienes de su amistad eterna, sabiendo que seguimos siendo siervos inútiles y solamente hacemos lo que tenemos que hacer en cada momento.


Que estas pinceladas breves, nos hagan a todos, vivir mejor la Pascua del Señor, de la mano de Aquella que la vivió sin fisuras y con una alegría desbordante.

(Allocutio pronunciada en el Comitium "Nuestra Señora del Sagrario de Toledo" el 19 de abril de 2.009)

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