sábado, 4 de abril de 2009

SÁBADO DE PASIÓN


El domingo pasado pedíamos al Señor vivir siempre de aquel mismo amor que movió a Jesucristo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. ¿Cómo es ese amor que embriagó totalmente a Jesús?



  • Es un Amor oblativo al Padre Eterno. Cuando el Verbo entró en el mundo dijo: "Aquí estoy para hacer tu voluntad", su alimento es hacer la voluntad del Padre. Su vida sólo se puede comprender desde esta óptica: cuando sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mi y sabréis que yo soy. Jesucristo se ofrece al Padre Eterno en reparación de los pecados de todo el mundo, como hostia viva. Su amor al Padre hace que le mueva a hacerse sacrificio vivo. Por eso san Pablo nos exhorta a presentarnos a presentarnos como hostia viva, santa, agradable y san Pedro a seguir las huellas de Cristo Jesús.


  • Es un Amor por el hombre: nadie tiene más amor que el que da la vida por su amigos. Y así lo hace Jesucristo. No puede consentir que el hombre se pierda, que se condene, porque es el Buen Pastor que da la vida por las ovejas. El ve en cada ser humano la imagen y semejanza de Dios y no puede permitir que esa imagen se corrompa y se pierda.


Si pedimos vivir inmersos en ese amor que movió a Jesucristo a darse totalmente...¿cómo hemos de encajarlo en nuestra vida?


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